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El jubilado que esquilmó la Biblioteca Nacional Española

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Os cito a continuación una noticia bastante interesante (por su descripción) que apareció en Interviu el dí­a 08 de este mes, sobre el individuo en cuestión:

Mide 1,65 metros, es calvo y tiene 60 años. Con su aire de ratón de biblioteca, mutiló hasta 19 páginas de diez libros antiguos desde que se presentó en la Biblioteca Nacional Española en 2004 hasta el verano de 2007.


Por: Luis Rendueles / Manuel Marlasca

Con su aire de pacífico jubilado, Gómez Rivero ha resultado ser un “estafador a la antigua”, según fuentes cercanas al caso. Para lograr el carné de investigador de la Biblioteca Nacional –que obtuvo en febrero de 2004–, imprescindible para consultar libros antiguos, presentó dos certificados que le acreditaban como tal; uno presuntamente firmado por una funcionaria de la Embajada española en Buenos Aires (Argentina) y otra de una biblioteca de Portugal.

El nombre de la funcionaria es real, aunque la Guardia Civil está pendiente de comprobar si ella efectivamente avaló a Gómez Rivero o éste falsificó su firma. El ladrón dijo haber realizado trabajos de investigador en Uruguay, Cuba y Argentina, algo que tampoco se ha confirmado. Y tuvo que facilitar, además, un domicilio. Pero cuando la Guardia Civil acudió a buscarle al número 52 de la calle Serrano de Madrid, se encontró con la fachada de El Corte Inglés.

“Era un tipo áspero y discreto”, lo definen trabajadores de la Biblioteca Nacional. Y recuerdan los dos incidentes en los que estuvo envuelto. “Un día se puso un incunable en las rodillas, algo totalmente prohibido, y hubo que llamarle la atención”. Más grave fue su altercado, a voz en grito, cuando un funcionario trató de revisarle una bolsa a su salida de la biblioteca. “Increpó al vigilante, le dijo que era una vergüenza”, pero finalmente le abrieron la bolsa. Ese día llevaba sólo papeles personales.

Sin embargo, Gómez Rivero había mostrado otros encantos cuando se presentó: como tarjeta de visita regaló a la Biblioteca Nacional un libro de historia del siglo XV –luego se ha comprobado que carece de valor relevante– y una mañana hasta obsequió con bombones a uno de los empleados encargados de la vigilancia del edificio.

César Ovilio Gómez Rivero tiene 60 años y nació en Uruguay, aunque emigró a Argentina hace años. La Guardia Civil lo busca por destrozar, no dos, sino diez valiosísimos libros. Provisto de un carné de investigador, entró decenas de veces entre 2004 y 2007 a la Sala Cervantes de la Biblioteca –que guarda libros incunables y reservas (raros)– y arrancó hasta diecinueve páginas de diez libros.

El robo de sólo dos de los mapas de la Cosmographia de Ptolomeo fue denunciado el 24 de agosto. Tres días después, dimitió la directora de la Biblioteca Nacional, la escritora Rosa Regàs. Y el 28, la entidad asumía que había hallado cuatro libros mutilados, aunque no lo atribuyó al mismo ladrón. Regàs y el ministro de Cultura, César Antonio Molina, se enzarzaron en una polémica. La escritora aseguró que el ministro le había dicho que no había trabajado nada. Éste la desmintió y en una entrevista en El País afirmó: “Cuando hablé con ella, se me dijo que había habido una sola desaparición. Cuando se redactó la nota, apareció otra, y al día siguiente eran tres”.

Ni policía ni Guardia Civil tienen en sus archivos referencias de Gómez Rivero. En España carece de antecedentes y no consta en los archivo del DNI. Fuentes de la investigación señalan que podría haber obtenido un pasaporte español en un delegación consular. Incluso dudan de que ése sea su nombre real. La pasada semana, la policía de Australia dijo haber localizado dos mapas de Ptolomeo en poder de un coleccionista (ver recuadro). Y la Guardia Civil dispone de una pista que señalaría que un tercer mapa está en poder de un ciudadano de Estados Unidos. El ladrón arrancó además otros tres incunables –libros anteriores al año 1500– de gran valor que es- tán incluidos en la obra Tesoros de la cartografía española, editada por la Biblioteca Nacional en 2001. Uno de ellos es la primera impresión, de 1472, del famoso mapa T en O (ver recuadro de la página 16) de san Isidoro de Sevilla (560-636).

Los otros dos son obra de Pomponio Mela, “el primero de los insignes autores españoles si se admite como tales a los ciudadanos romanos”. Mela nació en la Bética durante el mandato del emperador Claudio. En los mapas y textos de De situ orbis narraba el viaje por las costas del mundo entonces conocido. El ladrón se llevó un mapa de la primera edición española (1498) y otro de 1482, impreso en Venecia.

En cuanto a la obra de Claudio Ptolomeo (90-168), el primer cartógrafo de la historia, faltan por localizar dos mapas impresos en el siglo XVI. El primero tiene el valor, según Jaime Armero, especialista de la librería Frame de Madrid, de “ser la primera edición que incluye el Nuevo Mundo”. Armero asistió en octubre de 2006 a una subasta en Londres en la que “un coleccionista inglés compró ese libro entero por 500.000 euros”, recuerda. Y matiza que el mapa suelto puede alcanzar en el mercado negro “unos cien mil euros”. El cuarto mapa de Ptolomeo robado vale “unos 15.000 o 20.000 euros”, según Armero, aunque también fue impreso en el siglo XV.

Otro de los libros esquilmados es Relación del viaje que por orden de su majestad hicieron los capitanes..., editado en 1621 y escrito por García de Nodal. “Es un libro de navegación española muy importante –subrayan desde la Librería para Bibliófilos–. La cartografía estaba empezando y son los primeros datos sobre el estrecho de Magallanes y lo descubierto en la vuelta al mundo”. El ladrón se llevó el único mapa del libro. También se llevó el único mapa de otra obra del siglo XVI, el Cosmographicus Liber, de Petrus Apianus (ver recuadro). Y una excentricidad: ocho páginas de un libro de caza del siglo XVI.

 

Un ladrón aficionado a la caza con ballesta

César Gómez esquilmó también, según la Guardia Civil, un libro de caza llamado Arte de ballesterí­a y monterí­a escrita por método para escusar la fatiga que produce la ignorancia, obra de Alonso Martí­nez de Espinar que fue editada por la imprenta Real en 1644 en Madrid. El ladrón arrancó hasta ocho páginas de la obra, dividida en tres libros (tres de ellas con grabados, reproducidos a la derecha), que llevan incluso el sello de la Biblioteca Nacional. Dos de las páginas robadas son la portada del segundo y tercer libro de la trilogía.
`Es uno de los tres o cuatro libros españoles de caza más importantes de la historia´, apuntan desde la Librerí­a para Bibliófilos Luis Bardón, donde valoran el libro completo entre 24.000 y 30.000 euros. En cualquier caso, sorprende su robo porque ese libro no tiene nada que ver con la temática especializada del ladrón de mapas. `Puede ser que le faltaran esas hojas a un ejemplar y que se tratara de un robo por encargo´, afirman algunos expertos. O que, simplemente, al ladrón le gustara cazar en sus ratos libres.

 

- Fuente original de la noticia:
http://www.interviu.es/default.asp?idpublicacio_PK=39&idioma=CAS&idnoticia_PK=45497&idseccio_PK=547&h=

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